Antoni Tapies

(1923 - 2012) A los veintidós años abandonó la carrera de derecho para dedicarse de lleno a la pintura, arte que abordó a través del collage y de pinturas terrosas que presentan raspaduras y graffiti. En esta primera etapa de su vida crea, con otros artistas e intelectuales catalanes, el grupo «Dau al Set» (1948). Este movimiento ampara sus primeras exposiciones, que ya ponían de manifiesto su interés por el surrealismo.

Hacia 1949, renunciando a los efectos de la materia, se dedica a crear cuadros en los que predominan los tonos grises, aunque con interrupciones de importancia variable de colores vivos, y en los que aparecen impresiones textiles, signos y letras deformadas. En 1954, recupera la materia: trabaja los cuadros con argamasa para reencontrar la tradición secular de un mundo fosilizado, de colorido desvaído.

Su etapa posterior a 1965 pertenece a la neofiguración y al arte pobre: arpilleras, objetos rústicos y objetos cotidianos se incorporan a su obra. En la década de los setenta, sus esculturas en el espacio hacen que el objeto, hasta entonces estampado en hueco o modelado en relieve en el espesor de la materia, se salga de la tela para inmovilizarlo en el espacio y darle una realidad más áspera.

Su labor creadora fue acompañada, en los años setenta y ochenta, de textos teóricos (La práctica del arte, 1970, El arte contra la estética, 1974;Memoria personal, 1978; Por un arte moderno y progresista, 1985). En 1990 se inaugura en Barcelona la Fundación Tàpies, con fondos donados por el pintor. Constituyen la más completa colección de sus obras.